¡Cómo nos gustan las etiquetas!

Esta semana tomé una decisión importante en mi vida. Estaba contenta y emocionada a la vez por la etapa que comienza en mi vida.
Sin embargo al comentar la decisión con la gente de mi entorno me he dado cuenta de algo muy importante, de algo que hacemos todos diario sin esperar que lo hagan con nosotros: etiquetar a las personas.

Llevo una semana sin comer carne (ni pescado). Una semana en la que, por muchas razones que no voy a contar aquí porque no quiero convencer a nadie de la elección que he tomado, me he sentido juzgada y etiquetada por los demás.
De repente me dicen que si quiero ser vegana, que si tengo que dejar también de tomar leche y huevos porque si no sería ovolacteovegetaria...
Una semana en la que la gente se ha visto con el permiso de ponerme nombres y de darme directrices cuando simplemente me llamo Azucena y sigo siendo la misma persona de siempre, salvo con alguna variación en mi dieta.

En ocasiones incluso se me han quitado las ganas de seguir haciendo lo que después de muchos años he considerado como la mejor opción en mi alimentación. ¿Y por qué dejar de hacer lo uno quiere?

Finalmente, siendo fiel a mi sino y mi espíritu rebelde, me he cogido todas las verduras que tenía en la nevera y me he preparado una sopa riquísima.

Aquí os la dejo

Os insto a que sigáis haciendo siempre lo que os gusta y lo que deseáis, no vaya a llegar el día en que nos arrepintamos de hacer sólo lo que los demás esperaban de nosotros.

Hasta pronto.

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